Revista SHE`S

Ortorexia, cuando comer sano se convierte en obsesión

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Llegó un nuevo trastorno alimenticio: la preocupación permanente por comer sólo alimentos saludables, no tratados con fertilizantes, conservantes ni grasas saturadas. Según la Organización Mundial de la Salud, la ortorexia afecta actualmente a una de cada cuatro personas.

Miran a un grupo de amigos que está saboreando un plato de papas fritas y no lo pueden creer. Las personas que padecen de ortorexia son incapaces de concebir cómo otros pueden comer alimentos tan nocivos para la salud, así, sin preocupaciones. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 28% de la población sufre de este trastorno, en el cual la persona padece de una obsesión por consumir sólo comida orgánica, vegetal, no tratada con fertilizantes, sin conservantes ni grasas saturadas.

“Este trastorno alimentario puede generar enormes complicaciones para la salud. Estas personas rechazan las carnes, los lácteos y todos los productos que hayan sido tratados con pesticidas y otros agroquímicos, y sus dietas comienzan a ser fundamentalmente verduras, frutas y cereales orgánicos, lo cual produce evidentemente dietas carentes y muy dañinas. El limitar el consumo de alimentos como las carnes rojas, que son ricas en hierro hemínico; de huevos, que son grandes aportadores de proteínas de alto valor biológico entre otros nutrientes fundamentales; y lácteos, aportadores por excelencia de calcio y fósforo para nuestros huesos, se  traducirá en un aumento en el riesgo de presentar complicaciones nutricionales como desnutrición, emaciación de la masa muscular y carencias de micronutrientes como el hierro, que provocarán cuadros de anemia”, asegura Juan José Rojas, docente de Nutrición y Dietética de la Universidad del Pacífico.

Aunque el trastorno no es nuevo, sí es bastante reciente. En 1997, Francisco Palandri acuñó el término ortorexia, que proviene del griego ‘comer correcto’, y desde allí ha abierto una discusión sobre si realmente debe ser considerada como una enfermedad.  “Este trastorno se define como una obsesión enfermiza por consumir alimentos saludables. Steven Bratman, un doctor estadounidense experto en el tema, indica que se trata de una obsesión perjudicial por comer sano y mantener un estado nutricional y de salud óptimo, lo que lleva a los individuos a informarse y preocuparse de manera patológica por el contenido de energía y nutrientes de los alimentos, su formas de producción y su asociación con la salud. Sin embargo, hay mucha controversia entre los psiquiatras, ya que no se describen claramente características para considerarla una conducta patológica que reúna requisitos para ser considerada una enfermedad”, apunta el nutricionista.

Otra de las consecuencias de esta obsesión por la comida sana es que para cumplir con esta estricta dieta, las personas que padecen el trastorno comienzan aislarse, ya que tienen terror a consumir alimentos que no cumplan con sus estándares en lugares como patios de comida o casas de amigos. “Este trastorno finalmente lleva al aislamiento social, ya que la persona que la padece siente que todo el mundo se alimenta mal y que es riesgoso compartir en sociedad por el consiguiente riesgo de consumir alimentos no saludables. En casos no tratados puede, sin duda, llegar a comprometer seriamente la vida de los individuos que la padecen”, advierte el académico.

Las campañas por comer sano

La obsesión por comer sano, es decir, la ortorexia, se ha sumado a otros trastornos alimenticios más conocidos, como la obesidad, la anorexia, la bulimia y la vigorexia. El desbalance energético que provocan estos problemas de salud puede esconder serios trastornos psicológicos. ¿Es la ortorexia el trastorno alimenticio del siglo XXI? ¿Por qué se ha dado pie a esta obsesión por lo saludable?

“Ha sido tarea de los servicios de salud del mundo promover la alimentación saludable como pilar de desarrollo humano, basados en la evidencia construida en cien años de investigación en el campo de la nutrición y la salud. Este esfuerzo comunicacional e informativo, que ha pretendido incorporar en la población conductas alimentarias saludables que favorezcan el desarrollo humano, puede tener también sus riesgos en la medida que, como ocurre en el caso de las personas que desarrollan el trastorno de la ortorexia, las personalidades de tipo compulsivas y obsesivas pueden tergiversar estas conductas y exacerbar su comprensión, llevando insuficientes consumos alimentarios en su práctica cotidiana y, por ende, una falta de nutrientes que se traducen finalmente en malnutrición y carencias de micronutrientes, con el consiguiente daño para la salud y la calidad de vida”, describe Rojas.

Las campañas lideradas por las grandes organizaciones de salud y el acceso a la información vía online, son algunos de los factores que inciden en el aumento de la preocupación por cómo nos alimentamos, algo que en personas que padecen de ortorexia puede ser el centro de su vida.

“Debemos ser muy cuidadosos a la hora de promover la alimentación saludable en función de los resultados protectores de la salud y su asociación con patologías, logrando incorporar en el constructo intelectual de la población aspectos de dieta suficiente, equilibrada y variada, haciendo énfasis en los riesgos que implica para la salud. Lo que sucede en el mundo de hoy es que, a propósito del aumento de la información, la población ha ido adquiriendo mayores y mejores conocimientos respecto de la asociación entre los nutrientes contenidos en los alimentos y los resultados para la salud”, señala el nutricionista.

Juan José Rojas recalca que todos los alimentos son necesarios para una dieta equilibrada, por lo que la solución de las personas con ortorexia de eliminar productos por completo de su dieta no es, de hecho, una conducta saludable. “Las dietas o consumos alimentarios disminuidos no cubren los requerimientos orgánicos de energía y nutrientes. Una de las estrategias más importantes que ha promovido la OMS para abordar la alta prevalencia de afecciones cardiovasculares en la población ha sido el control en la producción y consumo de grasas trans, grasas saturadas y sodio, pero aun así la recomendación de su consumo es de 30% del aporte calórico total durante un día, con aumento de aceites de origen vegetal y marino, y con el control en el consumo de grasas saturadas. Es así que la recomendación de expertos apunta a seleccionar los lípidos consumidos, pero por ningún motivo a eliminarlos del consumo humano, debido a sus grandes aportes en vitaminas liposolubles (A, D, E, K), ácidos grasos y energía”, ejemplifica el docente.

 

Javiera Oyarzún

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